Historia del ADN Imprimir E-mail
Septiembre de 2009
Índice
Historia del ADN
Tetranucleótido
Experimento de Griffith
Experimento de Avery

Hoy a todos nos parece una obviedad que el ADN es el material genético. Sin embargo a mediados del pasado siglo este hecho no estaba en absoluto claro y fue uno de los descubrimientos que dio lugar al nacimiento de la genética molecular en torno a 1950.

Pero la historia del ADN comenzó mucho antes: al mismo tiempo que Mendel y Darwin publicaban sus trabajos, Friedrich Miescher, un joven médico suizo que incitado por su tío, Wilhelm His, había decidido dedicarse a la investigación, descubrió que el ADN era el componente químico principal del núcleo de las células. A propósito, el hijo de Wilhelm His, también llamado Wilhelm, o sea el primo de Miescher, fue quien describió el Haz de His, estructura conocida por todos los cardiólogos.

En 1869 Miescher empezó a trabajar con los leucocitos que extraía de los vendajes que le proporcionaba un hospital próximo. En una época en que la aún no existían los antibióticos y la cirugía distaba de ser lo que es hoy, es fácil pensar que el joven Friedrich tenía una fuente inagotable de material para sus investigaciones. Miescher desarrolló un método que le permitía aislar los núcleos celulares y, a partir de ellos, logró aislar una sustancia química que llamó nucleína. La encontró en todos los tipos celulares que estudió.

Miescher no logró establecer la relación entre la nucleina con la herencia pero su trabajo posterior con esperma de salmón le permitió descubrir que tenían una elevada cantidad de nucleina, lo que le llevó a pensar que ésta tenía un papel en la fertilización de los óvulos por parte de los espermatozoides.

Quizá los descubrimientos de Miescher llegaron demasiado pronto y ese es el motivo de que hoy no se reconozca su importante aportación en la historia de la genética. Pasaron casi 50 años hasta el siguiente avance significativo en la caracterización de la molécula de la herencia.

El carácter heroico de los experimentos de Miescher. Con el fin de evitar la degradación de la nucleina durante el largo proceso de purificación a partir de esperma, Miescher realizaba sus experimentos a baja temperatura. Esto implicaba que solo trabajaba en su aislamiento durante los meses de invierno. Se levantaba a media noche para pescar salmones en el Rin. Inmediatamente los subía al laboratorio situado en las cocinas del viejo castillo de Tubinga. Allí, con las ventanas abiertas empezada el proceso de aislamiento de la nucleina.



 

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